comunicacionviciada

True Blood

In Series, Televisión on Octubre 12, 2009 at 4:13 am

Una serie aparentemente sobre vampiros, sexo y drogas. Pero también una serie que trata temas tan importantes como las sectas, el terrorismo, cómo lucir y relucir pantalones vaqueros o la mejora de la representación en sistemas políticos democráticos (en este caso en el de los Estados Unidos de América).

A la redacción nos encanta y nuestro veredicto final es una clara recomendación. Instamos a todos los lectores a que, cuando acaben de leer esta entrada, dejen todo lo que estén haciendo y se pongan a ver True Blood con una copa de vino y un amante desnudo al lado.

¿Por qué nos encanta? A cada sector de la redacción por una cosa distinta. Unos piensan que sólo por ver sin ropa en cada episodio a Jason ya hay que ver la serie. Otro sector es fan por la interpretación de Anna Paquin, que esta vez hace de una camarera que nunca ha salido de su pueblo y que puede leer los pensamientos de los humanos, lo que la perturba continuamente, sobre todo porque sólo piensan en ella en sentido sexual (será porque no es más que una paleta de pueblo americano que, aunque tenga una buena sonrisa y cierta capacidad de reacción, probablemente roce el analfabetismo).

A otro sector de la redacción le encanta por sus cuidados guiones, la belleza de las metáforas, la interpretación de todos los personajes y por esa atmósfera que combina fantasía con mucha decadencia moral y estética.

A la minoría afroamericana sin seguridad social de la redacción, True Blood le gusta porque algunos de los personajes protagonistas son negros. Entre ellos un camello que trafica con sangre de vampiro (la droga de moda por la que algunos humanos matarían) que a la vez es cocinero del bar donde trabaja la Paquin y que encima es homosexual. En resumen: negro, camello, cocinero de bar decadente y marica.

El sector nerdy de la redacción no para de recordar que la serie está creada por Alan Ball, ese maravilloso hombre que pensó por todos nosotros Six Feet Under (aviso, tópico) una de las mejores series de la HBO y de la Historia de la Televisión. En verdad, True Blood va de lo mismo que SFU: la muerte y la vida. Pero da un paso más, ahora los muertos están vivos y juegan a la Wii. Quizá las críticas que recibió la serie al principio fueron fruto de la estrechez de mente de algunos críticos de series de la blogosfera.  True Blood es un drama para reír y en esos términos debe ser entendida si se quiere disfrutar. No quiere que te quedes en trance durante toda la noche tarareando canciones de Sia, quiere que te quedes pensando en si el bulto que tiene Jason entre las piernas es real o no. Los que se esperaban otro SFU se equivocaban y los que criticaron a True Blood en sus inicios por su pretencioso y forzado drama es que eran unos reaccionarios incapaces de asumir el final de SFU.

Por una cosa u otra, a todos nos gusta. También es cierto que tenemos un claro pasado de fanatismo veraniego de Buffy Cazavampiros. True Blood es como esa serie, sólo que la protagonista es un poco más tonta, que no hay brujas lesbianas, que los personajes se desnudan, que hay drogas, que los vampiros viven en completa armonía con los humanos y su lucha se centra en ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho (¡es una lucha política!), que la protagonista no cambia de novio en cada temporada y que para matar a los malos lo último que hacen los personajes de True Blood es ir a la biblioteca, en parte porque la más cercana probablemente esté a tres estados de distancia.